2018-12 Reflexiones sobre el amor

Crisis matrimonial

Mar 27, 2019 Jacek Pulikowski

Me gusta mucho la frase que se suele repetir en la comunidad de matrimonios en dificultades SICAR: cada matrimonio sacramental se puede salvar. Estoy convencido de que esto es posible con la ayuda de la gracia.

Hay muchos libros de consejos para matrimonios que experimentan diversas crisis. Dichos libros desempeñan un papel importante y son útiles. Contienen consejos sabios aplicados en acciones concretas, introducidos de forma honesta y persistente en la vida, aprovechando las gracias sobrenaturales (sacramentales), lo cual les ayuda a levantarse de las peores caídas y conflictos. He sido testigo de la renovación milagrosa de muchos matrimonios. Muchas parejas después de una crisis alcanzaron un nivel más alto de amor, de unidad, de fidelidad y de religiosidad (y como resultado de ello, un mayor grado de felicidad) que el que tenían antes de la caída, cuando “todavía estaban bien”. Es un consuelo para todos: una caída, si después de tocar fondo los cónyuges se levantan, puede ayudar a alcanzar un nivel más alto de amor (o incluso el más alto). Muchos grandes santos tuvieron caídas terribles en su vida anterior, por ejemplo Santa María Magdalena o San Agustín.

Una caída […] puede ayudar a alcanzar un nivel más alto de amor (o incluso el más alto)

Necesidad de la humildad

¿Por qué los matrimonios a menudo buscan ayuda solo cuando están experimentando una crisis realmente grave? Sobre todo, los hombres nos defendemos durante mucho tiempo de la idea de que simplemente nos va mal. Es mucho más fácil acusar a la esposa que reconocer con humildad su propia parte de culpa en esa mala situación: “No tengo ningún problema, si tú tienes un problema, acude a un especialista: psicólogo, psiquiatra, terapeuta”. Esta actitud permite mantener el bienestar e incluso justificar sus propias deficiencias. El esposo solo ve el problema en su esposa: “Si tiene un problema, que vaya al psiquiatra. Conmigo no pasa nada raro, estoy bien”. Esta negación típica de la existencia de un problema en el matrimonio por parte de los hombres puede explicarse fácilmente. En primer lugar, los hombres perciben realmente peor que las mujeres situaciones difíciles en las relaciones interpersonales. En segundo lugar, admitir el hecho de tal situación es una especie de deshonra. Si tengo un problema, esto significa que no soy capaz de manejarlo, no sé resolverlo, ¿qué clase de hombre soy? Sin darnos cuenta, borramos el problema de la conciencia, fingiendo ante nosotros mismos que todo está bien. Es difícil admitir nuestra propia imperfección. Tememos que parezca que soy estúpido y no sé lo que es bueno o no puedo poner en práctica lo que sé que es correcto. Cada solución parece ser errónea: deficiencias en la razón, en las habilidades o debilidad de la voluntad. No, no nos lo podemos permitir. Es la esposa la que tiene un problema… Desafortunadamente, en la actualidad a menudo también a las mujeres les falta la humildad necesaria para buscar ayuda con el fin de rescatar su matrimonio. Sin embargo, no faltan asesores que les aconsejen: “no dejes que te gane, derrótalo, divórciate, no te esfuerces más, consigue una buena pensión alimenticia y vive cómodamente a su costa”. Desafortunadamente, hoy en día hemos llegado a una situación de rebeldía sin precedentes de las mujeres contra los hombres. ¡Es una lástima! Para ser justos, hay que añadir que tanto hombres como mujeres tienen su parte de culpa en esto. En cualquier caso, los cónyuges en crisis deben buscar humildemente la ayuda de personas competentes, buenas, amistosas, y que compartan el mismo sistema de valores (es importante que sean valores cristianos). Por eso, aconsejo a los católicos que se apoyen en asesores que sean fieles católicos y practicantes. Un elemento importante de la credibilidad del consejero es que éste lleve una vida ordenada. No recomiendo acudir a la ayuda de un terapeuta que “conoce la vida porque ya ha tenido varias esposas (o esposos)”. A menudo, tales “ayudantes” aconsejan apresuradamente el divorcio como una solución a los problemas. Me gusta mucho la frase que se suele repetir en la comunidad de matrimonios en dificultades SICAR: cada matrimonio sacramental se puede salvar. Estoy convencido de que esto es posible con la ayuda de la gracia.

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