2018-12 Testimonio

Un secreto doloroso

Mar 29, 2019 Testimonio

Han pasado muchos meses desde que decidí escribir este testimonio. Tuve que luchar conmigo misma para revelar un doloroso y vergonzoso secreto de mi vida. Los testimonios de otras mujeres publicados en Amaos me animaron a hacerlo.

Hace veinticuatro años, siendo ya esposa y madre de dos hijos, empecé a usar anticonceptivos (espiral). Mis heridas eran tan profundas, que ya no podía ni imaginarme otro embarazo. El problema del alcohol de mi marido confirmó mi convicción. No conocía la postura de la Iglesia sobre este asunto. Y me quedé embarazada… No quiero decir que una vida fue concebida. El médico me dijo que tenía suerte, porque era tan solo de seis semanas, y que según la legislación de entonces, un feto de seis semanas casi no era tratado como un ser humano. Estaba desesperada, llena de ira, carecía del sentimiento de seguridad y no veía otra salida. En mi estupidez me convertí en víctima de mi propia libertad.

A pesar de que durante muchos años no me permití ser consciente de lo que había pasado, ¡algo explotó en mí, revelando toda la dolorosa verdad!

Desde hace unos cuantos años estoy en un proceso de conversión. Mi pena se fue transformando en arrepentimiento ganas de hacer penitencia. Mientras estaba dormida, Dios mismo venía a verme en la persona de Jesús Misericordioso. Nunca he visto una mirada tan hermosa y profunda. Estos ojos me decían que Él es el Amor mismo. Quería tocar por lo menos su túnica y Él con una sonrisa me permitió hacerlo. Apoyada en el hombro derecho de Jesús había una figura sin extremidades. Miré fijamente el rostro joven y la reconocí: era mi hijo. Sonreía, pero cuando traté de tocarlo se asustó y Jesús me dijo: «No lo toques». Después todo desapareció.

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