2018-12 Milagros

Portugal – masonería – Fátima (parte I)

Mar 30, 2019 Grzegorz Kucharczyk

Parecería que las apariciones de la Virgen María en Fátima coincidieron con el momento más desfavorable, en cambio, gracias al contexto político, resultaron tener una fuerza tal que mostraron cómo Dios opera a través de los acontecimientos históricos, y que la victoria definitiva es suya.

Inicio de la república anticlerical

En 1910, la revolución republicana puso fin a la existencia de una monarquía en Portugal. Los grupos republicanos, fuertemente infiltrados por la masonería, hacía años que no ocultaban sus fobias y prejuicios anticatólicos. Incluso durante el golpe de Estado, que obligó al rey Manuel II a exiliarse (5 de octubre de 1910), los discursos antimonárquicos (a menudo inspirados por las logias masónicas), iban acompañados de asaltos contra el clero y contra todos los creyentes. Como resultado de estos actos de agresión, murieron dos sacerdotes lazaristas, y hasta finales de año se asesinaron por lo menos 15 sacerdotes y religiosos; Por otra parte, las bandas “populares” (compuestas por representantes republicanos “callejeros”), violentaron con fuertes golpes a más de un centenar de sacerdotes y religiosos.

Los asaltos a iglesias (no sólo en la capital sino también en las provincias) eran habituales (solo durante los cuatro primeros días de la república fueron demolidas 20 iglesias), así como se producían ataques a conventos de religiosos (por ejemplo, los instrumentos de laboratorio que se encontraban en el colegio jesuita de Campolide, cerca de Lisboa, fueron completamente destruidos como enemigos declarados de la república). Además, las editoriales de las revistas católicas en Lisboa (Portugal) y en Oporto (Palavra) fueron atacadas y destruidas por completo.

Las acciones dirigidas contra la Iglesia no fueron accidentales. La política anti-Iglesia y anticatólica, iniciada por el primer gobierno republicano constituyó, hasta el año 1918, una línea de acción invariable y constante de las actuaciones de los republicanos

Los pogromos anticatólicos de la República Portuguesa se incluyeron en el “marco sistémico” de la misma. Como escribe un investigador polaco especialista en este tema, el Prof. T. Wituch: «las acciones dirigidas contra la Iglesia no fueron accidentales. La política anti-Iglesia y anticatólica, iniciada por el primer gobierno republicano constituyó, hasta el año 1918, una línea de acción invariable y constante de las actuaciones de los republicanos».

Alfonso Costa – profesor de derecho en Coimbra, hermano de logia, y sobre todo Ministro de Justicia (en un futuro también sería primer ministro) – fue una figura simbólica fuertemente vinculada a la política anticatólica de la República Portuguesa. Alfonso Costa (equivalente portugués de Émile Combes, que fue quien lideró la creación del estado laico de la tercera república de Francia en los años 1902 – 1905) tenía la ambición e intención de aniquilar por completo el catolicismo en Portugal en un período de dos generaciones, es decir, quería descristianizar el país.

¿Cómo la masonería erradicó el catolicismo en Portugal?

Al igual que había ocurrido en Francia, o durante el Kulturkampf alemán, la guerra contra el catolicismo en Portugal comenzó con un ataque frontal contra las congregaciones y órdenes religiosas. Ya el día 8 de octubre de 1910 (apenas tres días después de la victoria de la revolución, por lo que es evidente que el asunto fue tratado como una prioridad) el gobierno publicó un decreto escrito por el ministro Costa anunciando la disolución de todas las órdenes religiosas en Portugal. Como siempre (como ya se había hecho en Francia y Alemania) el primer ataque se llevó a cabo contra los jesuitas. De inmediato, fueron arrestados y expulsados de Portugal todos los miembros de la Compañía de Jesús (388 en total).

Al igual que ocurriera en otros lugares de Europa con las “guerras anticatólicas por la cultura”, también en Portugal las clases de religión se suprimieron de las escuelas (22 de octubre de 1910), y a los clérigos así como a las instituciones de la Iglesia se les prohibió la enseñanza religiosa, no sólo en las escuelas estatales, sino también en la escuela privada.

La culminación de la política anticlerical de la república contra la Iglesia se llevó a cabo tomando el modelo de la ley francesa de 1905: en concreto, del decreto sobre la separación de la Iglesia y el Estado. […] En esencia, se trataba de expulsar de la esfera pública no solo a la Iglesia sino también al catolicismo, así como se quería limitar de forma radical las libertades de la Iglesia

El decreto del 18 de octubre de 1910, que exigía la eliminación de todos los símbolos católicos de los edificios públicos, equivalía a una acción a nivel nacional para eliminar las cruces de las escuelas y de todas las oficinas de funcionarios. Toda referencia a Dios quedó también eliminada de juramentos y declaraciones oficiales. Las fiestas católicas fueron privadas del carácter de festividades públicas que habían tenido antes; solo los domingos permanecieron como días libres de trabajo, pero con la nomenclatura oficial pasaron a llamarse “días de descanso” (decreto del 26 de octubre de 1910).

Mediante un decreto por separado, se eliminaba a los capellanes castrenses del ejército y se prohibía a los militares asistir a los servicios religiosos en uniforme. Por otra parte, el gobierno encargó a unos comisarios civiles, nombrados por las autoridades, la supervisión de las organizaciones católicas e incluso de las actividades litúrgicas (cabe añadir que dichos comisarios eran en su mayoría francmasones o sus seguidores). Ellos, no los sacerdotes, por ejemplo, debían decidir sobre si dar permiso para realizar servicios o celebraciones litúrgicas fuera de las paredes de las iglesias (por ejemplo, la procesión de Corpus Christi), sino también el número y el horario de los servicios religiosos dentro de las iglesias. Además, los sacerdotes tenían prohibido usar sotanas o hábitos en lugares públicos.

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