2018-12 Movimiento de los Corazones Puros

Movimiento de los Corazones Puros

Mar 27, 2019 Redacción

Cristo desea el bien y la felicidad del hombre, no exige lo imposible; para Él no hay situaciones desesperadas, no hay esclavitud de la cual Él no pueda liberarnos. Él levanta al hombre de las mayores caídas, le libera de los grilletes más fuertes del mal, cura todas las enfermedades del espíritu. Esto también lo puede hacer en tu vida: solo tienes que confiar en Él sin reservas, y someterte cada día a su tratamiento.

Somos testigos de cómo los medios de comunicación ateístas llaman al mal bien, y al bien, mal, promueven los pecados de impureza, fomentan la pornografía, las relaciones sexuales, la cohabitación antes de casarse, las relaciones sexuales antes del matrimonio, la infidelidad matrimonial, el divorcio, la homosexualidad, la anticoncepción, el aborto, etc. Además, ridiculizan el magisterio de la Iglesia católica y se burlan de la gente que lucha para preservar su propia castidad, tratando de vivir según la doctrina de Cristo.

La forma de pensar y valorar a las personas que difunden la desmoralización en los medios de comunicación, que se burlan entre otros de los mandamientos VI y IX, es un retorno a la barbarie pagana del Imperio Romano. Lo que más sorprendió a los paganos de aquella época fue el hecho de que los cristianos rechazaran completamente su manera de pensar y actuar en el ámbito sexual, es decir: matar a los niños no nacidos, practicar la homosexualidad, la infidelidad matrimonial, el divorcio, las relaciones sexuales antes de contraer matrimonio y otros pecados de impureza, es decir todo aquello que los paganos aceptaban y practicaban comúnmente.

Jesús nos enseña que todo acto sexual consciente y voluntario fuera del sacramento del matrimonio, es decir, las relaciones sexuales prematrimoniales, la traición conyugal, las relaciones homosexuales, el petting, la masturbación y otros, son pecados mortales porque destruyen el amor, profundizan el egoísmo y hacen al hombre adicto a las experiencias sexuales. Los pecados de impureza pertenecen a la categoría más grave: «No os hagáis ilusiones: los inmorales, idólatras, adúlteros, lujuriosos, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios» (1 Cor 6,9-10). Otro fragmento de la Biblia dice: «Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación, que os apartéis de la impureza, que cada uno de vosotros trate su cuerpo con santidad y respeto, no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Y que en este asunto nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche con engaño, porque el Señor venga todo esto, como ya os dijimos y os aseguramos: Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa. Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios […]» (1 Tes 4,3-8).

¡Nunca te desanimes espiritualmente! Si caes cometiendo un pecado grave, ve a Jesús inmediatamente; Él te está esperando en el sacramento de la penitencia

Cristo desea el bien y la felicidad del hombre, no exige lo imposible para Él no hay situaciones desesperadas, no hay esclavitud de la cual Él no pueda liberarnos. Él levanta al hombre de las mayores caídas, le libera de los grilletes más fuertes del mal, cura todas las enfermedades del espíritu. Esto también lo puede hacer en tu vida: solo tienes que confiar en Él sin reservas, y someterte cada día a su tratamiento. Santa Teresita del Niño Jesús escribía: « (…) yo no entiendo a las almas que tienen miedo de un amigo así de tierno. (…) veo que basta reconocer la propia nada y abandonarse como un niño en los brazos de Dios». Jesús dice: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos» (Mt 9,12). Entonces uno debe «abandonarse en los brazos de Dios» con la confianza de un niño, a pesar del bagaje de pecados, la inclinación al mal y la propia debilidad; es decir, entregarse a Dios, que en el sacramento de la penitencia quitará todos los pecados y en la Eucaristía y en la oración diaria sanará y llenará de paz. La sanación y la transformación espiritual requieren tiempo, paz, perseverancia, confianza total y devoción a Jesús. Por nuestras propias fuerzas, sin la gracia de Dios, somos incapaces de hacer nada. ¡Nunca te desanimes espiritualmente! Si caes cometiendo un pecado grave, ve a Jesús inmediatamente; Él te está esperando en el sacramento de la penitencia, para liberarte de la esclavitud del pecado. Aprende la humildad, es decir, admite la verdad que por tus propias fuerzas no saldrás adelante. La victoria es posible solo en unión con Cristo. Él mismo dice: « (…) sin mí no podéis hacer nada» (J 15,5).

Aprende la humildad, es decir, admite la verdad que por tus propias fuerzas no saldrás adelante. La victoria es posible solo en unión con Cristo

Pecas de soberbia cuando descuidas la oración y después de cometer el pecado no vas inmediatamente a confesarte. Pecas de soberbia cuando renuncias a luchar por un corazón puro. La soberbia es el inicio de todos los pecados, «y quien se entrega a ella hace llover abominación» (Ecl 10,13).

El Señor Jesús te invita hoy a la comunidad del Movimiento de los Corazones Puros para enseñarte la humildad y el amor para sanar tu corazón herido en la «Clínica de los Corazones Puros». No tengas miedo de empezar esta aventura única para madurar en el amor con Jesús. Para hacerse miembro del Movimiento de los Corazones Puros, primero ve al sacramento de la penitencia y reconciliación, y después de comulgar, es decir, de recibir a Jesús en la Comunión, entrégate enteramente a Él con las palabras de la oración de consagración al Movimiento.

Este acto de consagración a Jesús y María debe ser repetido cada día por los miembros del Movimiento para tener presentes todos los compromisos que han asumido y para seguir cumpliéndolos. Todo aquel que se une al Movimiento se compromete a hacer el esfuerzo diario de vivir con fe, se compromete a caminar con Jesús en el camino de la madurez en el amor.

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