2018-12 Historia Milagros

Fátima y el milagro en el Vístula

La Madre de Dios en Fátima nos concienció de que la mayor amenaza para la humanidad es el ateísmo, la permanencia en el pecado y la ausencia de conversión. En Rusia, poco después de la última aparición de Fátima, tomaron el poder los ateos.

En Fátima la Madre de Dios pidió que hiciéramos oración por la conversión de los ateos y la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Dijo: «Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, su propaganda impía repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia, los justos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho. Ciertas naciones serán aniquiladas».

«Aquellos que están en los órganos de mando del bolchevismo llevan en su sangre un odio eterno hacia Cristo» (Llamada del Episcopado Polaco a los obispos de todo el mundo)

Quienes en 1917 tomaron el poder en Rusia eran partidarios de la ideología satánica del comunismo, basada en la lucha contra Dios por medio del ateísmo, el odio y el crimen. Los nuevos soberanos de Rusia deseaban imponer a la fuerza su ideología diabólica, primeramente en Polonia y posteriormente en toda Europa. El 11 de noviembre de 1918 Polonia recuperó la independencia tras 123 años sin libertad y ya el 18 de diciembre de 1918 los ejércitos soviéticos iniciaron la invasión de su territorio.

La lucha contra «la encarnación viva del espíritu del anticristo»

La recién recuperada Polonia se encontraba en una situación muy difícil. La mayoría de los países europeos simpatizaba con el régimen comunista de Moscú. El Ejército Rojo era en número cinco veces mayor que el ejército polaco. Desde el punto de vista militar la derrota de los bolcheviques parecía imposible. Los polacos, durante casi dos años, defendieron heroicamente su patria, pero finalmente tuvieron que retirarse. En 1920 el Ejército Rojo se encontraba cerca de la capital de Polonia. Lenin estaba convencido de que sus ejércitos conquistarían Varsovia en unos pocos días.

Para las personas creyentes estaba claro que sin la intervención de Dios los ejércitos polacos no estarían en condiciones de derrotar a la armada soviética. Por ello, el episcopado polaco hizo un llamamiento a toda la nación a emprender una ferviente oración y a hacer ayuno. Los obispos de Polonia escribieron en una carta al Santo Padre Benedicto XV lo siguiente: «Nuestra patria hace dos años que lucha contra los enemigos de la cruz de Cristo, los bolcheviques […]. Si Polonia sucumbe ante esta masa bolchevique, esta derrota amenazará a todo el mundo. Un nuevo diluvio nos inundará».

El episcopado polaco hizo también un llamamiento a los obispos de todo el mundo, en el cual leemos: «No estamos amenazados solo nosotros. Para el enemigo, Polonia es solo una etapa, una plataforma para conquistar el mundo entero […]. Aquellos que están en los órganos de mando del bolchevismo llevan en su sangre un odio eterno hacia Cristo. El bolchevismo es la viva encarnación y manifestación del espíritu del anticristo en la tierra […]. ¡Os pedimos hoy que acudamos todos a Dios con nuestras súplicas para pedir por Polonia! Que la oración haga volver en sí la conciencia de los pueblos, pues la conciencia en Europa está aletargada».

Cuando las personas viven en gracia santificante y hacen oración, entonces permiten que Dios todopoderoso actúe y triunfe en ellos y por medio de ellos

Los creyentes comprendieron la gravedad de la situación. Supieron que la derrota de Polonia llevaría consigo la destrucción del cristianismo en toda Europa. Eran también conscientes de que a la fuerza del mal se le podía hacer frente de forma eficaz únicamente con la oración y el ayuno. Cuando las personas viven en gracia santificante y hacen oración, entonces permiten que Dios todopoderoso actúe y triunfe en ellos y por medio de ellos.

Ante la amenaza mortal, los polacos suplicaron la ayuda de Dios. El episcopado hizo un llamamiento a toda la nación polaca para emprender una cruzada de oración por la Patria, a la oración fervorosa del rosario unida a la adoración del Santísimo Sacramento durante todo el día. En todas las iglesias de Polonia la gente se confesaba, participaba en la Eucaristía, permanecía en la adoración al Santísimo Sacramento y perseveraba con la oración del rosario.

El 19 de junio de 1920 las autoridades eclesiásticas y las autoridades públicas realizaron el acto de consagración de Polonia al Santísimo Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, y lo renovaron más tarde, el 27 de julio de 1920 en la capilla de Jasna Góra, el Santuario Mariano principal de Polonia.

A medida que se acercaba el Ejército Rojo a Varsovia, la situación se hacía cada vez más desesperante y por ello se cerraron todos los centros diplomáticos. El único que no salió fue el Nuncio del Papa, el Cardenal Achille Ratti, que posteriormente sería el Papa Pío XI.

Ya al cabo de poco tiempo, el 15 de agosto de 1920 en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, ocurrió que la ferviente oración del pueblo polaco había sido escuchada. Dios intervino milagrosamente, cambiando el curso de la historia de Polonia y de Europa.

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