Sokółka: el Lanciano polaco

autor: ks. Mieczysław Piotrowski TChr

En octubre de 2008, en la iglesia de San Antonio de Padua en Sokółka, Polonia, se produjo un hecho insólito. Una Hostia consagrada se transformó en tejido muscular de corazón humano vivo, aunque sufriendo mucho y en estado de agonía.

La transformación de la Hostia

El domingo 12 de octubre de 2008, en la mencionada iglesia parroquial, a las 08.30 de la mañana, el padre Filip Zdrodowski estaba celebrando la Misa. En el curso de la misma, otro sacerdote, Jacek Ingielewicz, le estuvo ayudando a repartir la Comunión; en un momento dado, sin que se diera cuenta, una sagrada forma se le cayó al peldaño del altar. Una mujer arrodillada allí mismo lo vio y enseñó la Hostia al padre Jacek, quien la levantó enseguida y, juzgando que estaba ensuciada, la puso en el vasculum, es decir, un pequeño recipiente con agua que se encuentra al lado del sagrario (el vasculum sirve para que los sacerdotes se laven los dedos tras repartir la Sagrada Comunión).
Al terminar la Misa, la sacristana, sor Julia Dubowska, llevó el vasculum con la Hostia a la sacristía, vertió todo su contenido en otro recipiente y lo encerró en una caja fuerte. Solo ella y el párroco, el padre Stanisław Gniedziejko, tenían la llave de la caja. Cabe señalar que sor Julia pertenece a la Congregación de las Hermanas Siervas de Jesús en la Eucaristía, cuyo carisma particular es fomentar el culto a Jesús presente en el Santísimo Sacramento.

Sor Julia por primera vez en su vida se encontraba con un caso como éste. Todos los días miraba el recipiente de agua para ver si la Hostia consagrada se había disuelto. Normalmente, al cabo de unos días, la oblea se disuelve en el agua por completo. Pensaron que en ese caso ocurriría igual. El 19 de octubre, sobre las 08.00 de la mañana, cuando sor Julia había abierto la caja fuerte de la sacristía, sintió olor a pan. Pensó entonces que la Hostia se había disuelto y que podría verter el contenido del vasculum en la llamada piscina, un orificio especial debajo del altar. Al ver la Hostia dentro, se quedó boquiabierta. En medio de la blanca Hostia, veía algo semejante a un trozo de carne vivo y nsangrentado, del tamaño aproximado de un centímetro y medio por un centímetro. Según confirmaron las pruebas científicas realizadas posteriormente, se trataba de un verdadero fragmento de miocardio humano vivo, que sufría, en estado de agonía, con una angina pre-infarto. Sor Julia contempló el extraordinario fenómeno con el máximo asombro y devoción. Reconoció haberse sentido como Moisés contemplando la zarza que ardía en el desierto sin consumirse.

Mientras permanecía tan largo rato inmóvil, sumergida en la contemplación de la Hostia transformada, se fijó en ella el padre Filip Zdrodowski. Se le acercó y preguntó qué había pasado. Entonces sor Julia le explicó lo que tenía entre sus manos y de dónde provenía la Hostia consagrada. A continuación, depositó el recipiente encima del escritorio, para que el párroco y los otros sacerdotes presentes en la sacristía pudieran ver la Hostia transformada.

El párroco, padre Stanisław Gniedziejko, recuerda haber sufrido un shock al ver sobre la Hostia blanca una sustancia roja, de un rojo sangre, alrededor de la cual el agua no se teñía de ese color. Cuenta que, cuando vio de cerca aquella sustancia sanguinosa en la Hostia, parecía un trozo de carne, como un tejido vivo lleno de sangre.

Todo el mundo sabía que se trataba de una Hostia consagrada, en la cual de verdad estaba presente Jesucristo Resucitado, en su naturaleza humana gloriosa. Empezaron, pues, a preguntarse si aquella sustancia roja que había aparecido encima de la Hostia era resultado de procesos naturales o una señal sobrenatural, a través de la cual Cristo deseaba hacer a todos comprender algo muy importante. El párroco estimó enseguida que no se debía minusvalorar el fenómeno misterioso y el día mismo informó del asunto a su Excelencia el arzobispo Edward Ozorowski. Al poco tiempo, este llegó a Sokółka. Vio la Hostia transformada y mandó ponerla a buen recaudo, y estar atentos a lo que ocurriera con ella.

El 29 de octubre, el recipiente de la Hostia fue trasladado al sagrado de la capilla de la Divina Misericordia en la rectoría; al día siguiente, a petición del arzobispo, el párroco sacó la Hostia del agua y la puso en un corporal blanco, el cual metió a su vez en un viril y la introdujo en el sagrario. Poco después, la Hostia se secó: la sustancia sanguínea de color rojo-pardo de alguna manera se incrustó en el corporal y así permanece hasta hoy día. Durante tres años la Hostia permaneció guardada en la capilla de la rectoría. Solo el 2 de octubre de 2011 fue trasladada con solemnidad a la iglesia y quedó expuesta en la capilla de la Virgen del Rosario, para permitir a los fieles adorarla durante todo el día. 

Dictamen de dos científicos destacados

El 5 de enero de 2009, en virtud de la decisión del arzobispo, la Curia Metropolitana de Białystok se dirigió por correo a los científicos, profesores de Medicina, Maria Sobaniec-Łotowska y Stanisław Sulkowski, de la Universidad Médica de Białystok, solicitándoles un peritaje científico del ”material unido a la sagrada forma, procedente de la iglesia parroquial de San Antonio de Padua en Sokółka”, así como pidiéndoles se considerara la solicitud “con debida seriedad”, a la vez que se tratara como urgente, y que se guardara “total secreto” en torno a ella. Hay que señalar que los profesores Maria Sobaniec-Łotowska y Stanisław Sulkowski son científicos destacados, conocidos no solo en Polonia, sino también internacionalmente. Llevan más de 30 años dedicados al diagnóstico histopatológico; son especialistas de la máxima categoría en este campo y poseen un extenso currículo científico. Trabajan en dos unidades distintas de la Universidad Médica de Białystok: el departamento de Patología Médica y el departamento de Patología General.

El 7 de enero de 2009, la prof. Maria Sobaniec-Łotowska se dirigió a Sokółka y, en presencia de una comisión especial, extrajo una muestra de la misteriosa sustancia aparecida en la Hostia. “A la hora de separar la muestra, cuenta la científica, no se sabía qué material era. Me llevé una pequeña cantidad de él. Era de un color pardo y estaba estrechamente incrustado en el fragmento conservado de la Santísima Hostia”.

Los profesores Maria Sobaniec-Łotowska y Stanisław Sulkowski, con independencia el uno del otro y observando todos los rigores científicos, realizaron un examen histopatológico de la muestra extraída de la Hostia transformada y describieron detalladamente y fotografiaron los cuadros morfológicos resultantes. Los investigadores utilizaron microscopios ópticos modernos y un microscopio electrónico de transmisión.

Los resultados de dos peritajes independientes el uno del otro coinciden totalmente y causaron gran asombro a los científicos. Resultó que la sustancia misteriosa en la cual se había transformado el fragmento de la Santísima Hostia, era, con toda seguridad, tejido de miocardio humano vivo, sometido a un gran sufrimiento y en estado de agonía, como si de una angina pre-infarto se tratara.

La profesora Maria Sobaniec-Łotowska explica: “En la muestra examinada, por muy pequeña que sea, constatamos la presencia de numerosos exponentes característicos desde el punto de vista morfológico, que prueban que se trata de tejido del miocardio. Uno de dichos indicios es el fenómeno de la segmentación, es decir, de deterioro de las fibras del miocardio en los discos intercalares, así como el fenómeno de la fragmentación. Los deterioros se manifiestan bajo forma de fisuras pequeñas y numerosas, como cortes de cuchillo. Tales cambios se dan solamente en fibras no necróticas y reflejan las contracciones rápidas del corazón en etapa agónica. Otra prueba relevante de que el material examinado era miocardio humano era principalmente la posición central de los núcleos de las células en las fibras observadas, lo cual es característico de dicho músculo. En el veteado de algunas fibras, también encontramos imágenes que corresponden a calambres. A su vez, en el examen efectuado con microscopio electrónico, era patente el contorno de discos intercalares, así como haces de microfibrillas finas. En el resumen de la investigación, en el protocolo transmitido a la Curia Archidiocesana, escribimos: «El material presentado para ser examinado (...) indica que se trata del miocardio y, en todo caso, es a este tejido al que más se asemeja de todos los tejidos vivos del cuerpo». Y lo que es importante en nuestra opinión, es que el material analizado corresponde en su entidad a dicho tejido”.

El profesor Stanisław Sulkowski destaca que “la materia que compone una sagrada forma, al contacto con el agua, se disuelve rápidamente. Por el contrario, la Santísima Hostia de Sokółka no sufrió descomposición, por motivos que permanecen totalmente incomprensibles para la ciencia. Pero lo más asombroso es el hecho de que la parte central de la Hostia se transformara en tejido del miocardio, formando una estructura indivisible de la parte restante de la Hostia blanca”.

Las fotografías de microscopio son prueba científica empírica de que ningún humano estaría en condiciones de unir de esa manera las dos estructuras: el tejido del miocardio y el pan. Hasta investigadores que disponen de los equipos más avanzados no son capaces de producir tal unión. Los fragmentos de la Hostia están estrechamente integrados con las fibras del miocardio humano y están entretejidos. Esto excluye por completo cualquier posibilidad de intervención humana.

La profesora Maria Sobaniec-Łotowska subraya que “aquel fenómeno insólito y enigmático, el entrelazarse la materia de la Hostia blanca con fibras musculares del corazón humano, fue objeto de observación y análisis, y fue fotografiado tanto con microscopios ópticos, como con un microscopio electrónico de transmisión. Esto es prueba de que no pudo haber tenido lugar ninguna intervención por parte del hombre. También cabe recalcar otro hecho extraordinario: la Hostia estuvo sumergida en agua durante mucho tiempo y tras su extracción, fue depositada en un corporal. Al mismo tiempo, en los análisis efectuados, no se observaron cambios que tendrían que haberse manifestado en un tejido del miocardio tras una inmersión en agua tan prolongada. En el plano de la investigación científica empírica, somos incapaces de explicar este hecho. Sin lugar a dudas, estos fueron los análisis más importantes que yo haya realizado en toda mi vida. Sus resultados fueron chocantes para mí: sugerían un fenómeno extraordinario que, desde el punto de vista científico, es absolutamente inexplicable”.

En base a los resultados de estos análisis científicos, cualquier persona sin prejuicios y con pensamiento lógico sacará la obvia conclusión del carácter sobrenatural de la transformación de una parte de la Hostia en miocardio humano en estado de agonía.

Tentativas pseudocientíficas de cuestionar los hechos

Los medios de comunicación liberales y de izquierdas trataron de cuestionar los resultados de los análisis patomorfológicos de la Hostia de Sokółka llevados a cabo por dos investigadores destacados de Białystok. Dichos medios de comunicación evocaban valoraciones y comentarios de pseudoexpertos que no tenían ninguna base de fondo para tomar la palabra de manera competente acerca de los análisis. Así, uno de ellos constató que “no era un milagro, sino pura biología”. Otro, por su parte, recalcaba que era la bacteria de Serratia marcescens la responsable del color rojo de la Hostia. Se atrevió a valorar el Fenómeno, aunque él mismo no había visto y menos aún examinado la Hostia milagrosamente transformada, ni tampoco había leído la documentación del peritaje. Tal postura no solo contradice el objetivismo científico, sino que también ofende la lógica humana y quebranta los principios elementales de la ética. Según subrayan los profesores Sulkowski y Sobaniec-Łotowska, “ninguna bacteria conocida por la ciencia produce estructuras de tejido y menos es capaz de producir un tejido de las características del miocardio humano, elemento cuya presencia constatamos en la Hostia”. Se trata de una afirmación de un hecho objetivo e incontestable. Desafortunadamente, algunas personas, por motivos de ideología, rechazan los hechos que cuestionen sus principios ideológicos. Así, sus opiniones no son constataciones científicas objetivas, sino mera ideología y propaganda de la mentira.

También surgieron otras críticas absurdas. Un grupo de los llamados racionalistas presentó en la Fiscalía una denuncia de sospecha de delito, pues la muestra examinada por los investigadores apuntaba a ser tejido muscular de un corazón de hombre moribundo. La Fiscalía inició un procedimiento de verificación pero pronto lo sobreseyó por falta de pruebas. Los ateos que rechazan hechos objetivos se comportan de manera irracional. Se cierran al conocimiento de la verdad por una sencilla razón: imponen a la realidad un bozal ideológico, es decir, su certeza irracional de que solo existe lo que podemos conocer mediante los sentidos, o sea, la convicción de que, con toda seguridad, no existe ni Dios ni lo espiritual. Sin embargo, ante fenómenos indiscutibles y evidentes, como los ocurridos en Sokółka, que ponen en tela de juicio sus bases ideológicas, los mismos “racionalistas”, yendo en contra de los fenómenos, les encuentran explicaciones risibles e irracionales.

“Constatar el entrelazamiento del miocardio en la muestra procedente de la oblea es prueba de un milagro y habría que tener pruebas científicas sólidas para cuestionarlo”, escribió, al publicarse el primer parte de la Curia, un conocido médico patomorfólogo polaco, Janusz Miętkiewski, en una carta a la profesora Maria Sobaniec-Łotowska.

Los resultados de los análisis patomorfológicos de la Hostia de Sokółka transformada en Carne se comunicaron a la Curia Metropolitana de Białystok el 21 de enero de 2009. Se desprende de ellos inequívocamente que un fragmento de la Hostia consagrada se convirtió en músculo de miocardio humano en estado de agonía. La estructura de las fibras del músculo y la de la oblea (pan) están tan estrechamente integradas que toda intervención humana debe descartarse por completo.

El profesor Stanisław Sulkowski y la profesora Maria Sobaniec-Łotowska no esconden que son creyentes. Como científicos que son, tienen una conciencia particular de lo increíblemente complejo e intencional del macro y del microcosmos: de que todo ello no puede ser fortuito y, asimismo, conduce a la conclusión lógica, al reconocimiento de la existencia de una Inteligencia Suprema, del Dios Uno y Trino. Por su parte, rechazar la fe en Dios también se basa en la fe, pero es una fe que rechaza conclusiones obvias y lógicas del conocimiento del mundo circundante, como también las que se desprenden de los acontecimientos relativos a la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, la historia de la Iglesia católica y la vida de los santos.

Por motivos que huelga explicar, los profesores Maria Sobaniec-Łotowska y Stanisław Sulkowski, al analizar la
muestra tomada de la Hostia, no se guiaban por su fe, sino que realizaron el peritaje de acuerdo con la metodología de la investigación científica, documentada con esmero a través de numerosas fotografías.

El 4 de noviembre de 2009, los científicos emitieron una declaración en la cual confirmaron, una vez más, los resultados del análisis de la muestra tomada de la Hostia transustanciada y en la cual expresan su “profunda indignación por la desinformación de la opinión pública, por quienes  presentaban hipótesis de una explicación pseudocientífica del fenómeno examinado por nosotros, sobre todo de la mano de personas que ignoran la amplitud de los análisis efectuados, personas que no tienen acceso al material valorado ni a los documentos confidenciales, y que a menudo no disponen ni de un conocimiento básico de las técnicas de análisis aplicadas”.

La transformación de la Hostia consagrada en músculo del corazón humano en agonía es un signo que nos llama a todos a convertirnos, a darnos cuenta de que durante cada Misa realmente se hace presente la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo; de que en la Hostia consagrada está presente Cristo, en su naturaleza humana resucitada y gloriosa, para darse a nosotros y ser “antídoto contra la muerte”.

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