Salvación frente al mayor mal

autor: ks. Mieczysław Piotrowski TChr

 

La Madre de Dios, que se apareció en Guadalupe, Lourdes y Fátima, al igual que en otros lugares de nuestro planeta, quiere que seamos conscientes de que la pérdida de fe en Dios, el ateísmo, la desmoralización y vivir como si Dios no existiera, son la mayor tragedia del ser humano.

 

Cada vez que la gente rechazaba a Cristo y su Evangelio, ello ha derivado en criminales sistemas totalitarios, homicidios, en la caída de la cultura, el colapso de la libertad y la degeneración moral de las sociedades, en una palabra: se ha creado un verdadero infierno sobre la Tierra. El remedio más eficaz frente a la pérdida de la fe en Dios y ante la pérdida de la vida eterna, consiste en consagrarse al Corazón Inmaculado de la Virgen María. El Santo Padre Juan Pablo II explica que “Consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de la Madre, significa retornar a la Cruz del Hijo. Más aún, eso quiere decir consagrar este mundo al Corazón herido del Salvador, restituyéndolo a la fuente misma de la Redención. La Redención es siempre más grande que el pecado del hombre o que el «pecado del mundo». El poder de la Redención supera infinitamente toda la gama del mal que hay en el hombre y en el mundo. […] Consagrarse a María significa dejarse ayudar por ella a ofrecer la humanidad y a nosotros mismos a «Aquel que es Santo», infinitamente Santo.” (Juan Pablo II, Homilía en Fátima del 13 de mayo de 1982).

 

Es la Virgen María quien nos conduce con seguridad por los caminos de la fe y de la ilimitada confianza depositada en su Hijo Jesucristo, para que Él  pueda liberarnos de la esclavitud del pecado con el poder de su misericordia insondable: “[…] Deseo la confianza de Mis criaturas ―dijo Jesucristo a Santa Faustina― […] Que no tema acercarse a Mi el alma débil, pecadora y aunque tuviera más pecados que granos de arena hay en la tierra, todo se hundirá en el abismo de Mi misericordia [...] La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia” (Diario de Santa María Faustina Kowalska, núms. 1059 y 699).

 

La Virgen repitió tres veces a Sor Lucía de Fátima: “Nos estamos acercando a los Últimos Tiempos”. El recurso más importante que sirve a la salvación del mundo es la consagración a su Inmaculado Corazón y la oración del rosario. Además, la Virgen se quejaba diciendo que si todos los recursos de la salvación no habían sido aprovechados por la humanidad hasta entonces, era ella quien ofrendaba ahora sus lágrimas. El fenómeno de las lágrimas de sangre que aparecen en imágenes y figuras de la Virgen, tan frecuente en los últimos tiempos, es otra advertencia y señal que llama a la humanidad a la reflexión y a que volvamos a Dios. Jesucristo dijo a Sor Faustina: “Antes de que llegue el tiempo de justicia, doy a la humanidad un tiempo de misericordia”. ¿Será posible que nos quedemos insensibles e indiferentes frente a las advertencias y llamamientos de la Virgen?

 

¡Queridos lectores! La Virgen os pide a cada una y cada uno de vosotros que participéis en la obra de salvaros a vosotros mismos, a vuestro prójimo, a  Polonia, Europa y el resto del mundo. Sabemos que sólo el amor de Jesucristo puede vencer todo el horror del pecado humano y el del mal, que pesan sobre nosotros y sobre toda la humanidad. No obstante, Jesucristo necesita que nos pongamos de acuerdo para que pueda actuar en nuestro interior y para que a través de nosotros llegue a los pecadores más grandes. Consagrémonos todos los días al Inmaculado Corazón de la Madre Santísima. Dejemos que nos enseñe cómo vivir la fe a diario. Para conseguirlo, tenemos que ordenar nuestras vidas y nuestros horarios, de manera que haya tiempo para rezar, trabajar y descansar. Sobre todo hay que:

 

1º Odiar y rechazar todo lo que sea pecado y vivir de acuerdo con los principios morales y con el Magisterio de la Iglesia Católica.

 

2º Obligarse a no caer en el desánimo y a levantarse de toda caída en pecado grave, recurriendo inmediatamente al sacramento de la Penitencia.

 

3º Obligarse a la oración diaria y, especialmente, a la oración del Santo Rosario, a la práctica de la Coronilla de la Divina Misericordia, al igual que a meditar sobre los textos de la Sagrada Escritura. Además, se recomienda mucho la Eucaristía y la adoración al Santísimo Sacramento.

 

4º Obligarse a practicar los primeros viernes y sábados del mes, con la intención de recompensar al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de la Virgen María por los propios pecados y por los pecados del mundo.

 

5º Obligarse a confesarse mensualmente y a comulgar lo más frecuentemente posible, y si uno puede, los miércoles y los viernes ayunar a base de pan y agua.   

 

Padre Mieczysław Piotrowski, S. Chr.

 

“Acto de la consagración al Inmaculado Corazón de la Virgen”

 

¡La Inmaculada Madre de Jesús y Madre mía, María! Siguiendo el ejemplo del siervo de Dios Juan Pablo II, declaro hoy: soy enteramente tuyo/a. Consagro a Tu Inmaculado Corazón todo mi ser, todo lo que soy; mi mente, mi corazón, mi voluntad, mi cuerpo, mis sentidos, mis emociones, mi memoria, mis heridas, mis debilidades, mi pasado desde el momento de la concepción, mi presente y mi futuro, incluida la muerte física, cada uno de mis pasos, cada gesto, palabra y cada pensamiento. También consagro a Tu Inmaculado Corazón mi familia y todo lo que poseo. A Ti te dedico todos mis trabajos, oraciones y sufrimientos. Guárdame a mí y a todos mis seres queridos ¡la mejor de todas las madres!, del mal. Intercede por nosotros para que nos sean concedidas las gracias necesarias para que cambiemos y seamos sanados. Guíanos por los caminos de la vida y sírvete de nosotros para que construyamos el Reino de tu Hijo Jesucristo, quien es el único salvador del mundo, fuente de todo el bien, de la verdad y de la vida. Amén.

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