«No seas incrédulo, sino hombre de fe» (Jn 20, 27)

autor: ks. Mieczysław Piotrowski TChr

El rechazo consciente y voluntario de la verdad sobre la Resurrección de Cristo, y vivir como si Dios no existiera, conducen a la pérdida de la Salvación. Constituyen el mayor drama y tragedia del ser humano.

 

Cuando, después de la Resurrección, Jesús se apareció por última vez a los apóstoles, los llamó a pregonar el Evangelio a toda la humanidad diciendo: «El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará» (Mc 16, 16). 

 

El drama y la tragedia más grande del ser humano es la falta de fe en la Resurrección de Cristo, ya que un rechazo voluntario y consciente de esta verdad, y vivir como si Dios no existiera, dan origen a la pérdida de la vida eterna.

 

En cada generación hay mucha gente que, como el Apóstol Tomás, dudan, no dan crédito y ponen condiciones: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré» (Jn 20, 25). El Señor Resucitado se apareció a Tomás el incrédulo y le dijo: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe» (Jn 20, 27).

 

A los incrédulos de hoy, a los que buscan, dudan y no dan crédito, Cristo resucitado les ofrece unas señales excepcionales que invitan a la conversión. Estas son, entre otras, dos pruebas materiales de su Resurrección: la sábana mortuoria de Jesús, con la imagen de su cuerpo martirizado; así como el Velo de Manoppello, que representa un reflejo del rostro de Cristo en el momento de su resurrección. En el Sudario de Turín se encuentra una imagen conmovedora de la parte frontal y trasera del cuerpo de Jesús, proyectado sobre una tela mortuoria de lino (4,36 m de largo por 1,10 m de ancho), la cual, tras haber sido colocado el cuerpo en el sepulcro, lo había estado envolviendo. La imagen del Sudario está en negativo fotográfico, salvo los coágulos de sangre, que están en positivo. La ciencia contemporánea no ha sido capaz ni de explicar ni de reproducir la creación de una imagen como esa. Resulta perfecta en lo que se refiere a los detalles más mínimos de la anatomía, y además concuerda al cien por cien con las descripciones de la Pasión y Muerte de Jesús. Asimismo, múltiples y variados análisis científicos han confirmado que la imagen del Santo Rostro de Manoppello, con toda seguridad tampoco es obra del ser humano. Ofreciéndonos un reflejo de Su cuerpo martirizado y una imagen de Su rostro en el momento de la Resurrección, reflejado en el Velo de Manoppello, Jesús se dirige a “los Tomás” y los “incrédulos de nuestro tiempo”: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». (Jn 20, 27).

 

Desde hace más de cien años, investigadores provenientes de diversos campos de la ciencia continúan dedicándose al análisis de esta extraordinaria reliquia, que es la Sábana Santa de Turín. El interés del mundo de la ciencia por el Sudario es tan grande, que incluso se ha creado una nueva rama científica: la sindonología. Los científicos que analizan el Sudario están agrupados en torno al STURP (The Shroud of Turin Research Project). Los análisis científicos realizados durante un largo período de tiempo confirman unívocamente que hasta el mayor genio humano, incluso si dispusiera de todos los logros de la ciencia y la técnica contemporáneas, no fue ni tampoco sería capaz de crear una imagen de la parte frontal y de la de atrás del Hombre crucificado, parecida a la del Sudario.

 

Los análisis científicos más recientes reiteran lo expuesto más arriba en cuanto al Santo Rostro de Manoppello. Tanto la imagen del Hombre del Sudario como el Rostro de Cristo resucitando son unos acheiropoietos, es decir: «unas imágenes no hechas por la mano del hombre», al igual que la imagen de la Virgen de Guadalupe.

 

El Santo Padre Juan Pablo II, teniendo en cuenta los argumentos de muchos científicos, no dudó en reconocer que el Sudario de Turín es la sábana mortuoria que envolvía el cuerpo martirizado de Jesús justo después de Su Muerte. Durante una homilía pronunciada frente a la catedral de Turín, el Papa dijo: «La Sábana Santa: ese extraordinario testigo ―si hemos de aceptar los argumentos de tantos hombres de ciencia― de la Pascua, de la Pasión, de la Muerte y de la Resurrección. Testigo mudo, pero al mismo tiempo, asombrosamente elocuente» (13 de abril, 1980). Por su parte, el santo Padre Pío solía decir que la Santa Faz de Manoppello  «es el milagro más grande que poseemos».

  

 

 

anterior   |   siguiente volver

Copyright © Wydawnictwo Agape Sp. z o.o. ul. Panny Marii 4, 60-962 Poznań, tel./ fax: 61/ 852 32 82 | tel. 61/ 647 26 86