Hay otro mundo

autor: ks. Mieczysław Piotrowski TChr

En cuanto se encontró en presencia del Santísimo Sacramento y fue tocado por la luz que irradia alegría de vivir y el amor escondido en el misterio de Dios Uno y Trino, en ese mismo momento le resultó evidente que sólo en la Iglesia católica se encuentra toda la verdad que Dios le había revelado a la humanidad.

André Frossard (nacido el 14 de enero de 1915 y muerto el 2 de febrero de 1995), el periodista, escritor y filósofo, fue amigo de Juan Pablo II, miembro de la Academia Francesa y, desde el 1962, redactor jefe de Le Figaro Magazine, uno de los semanales con más peso para la opinión pública europea. Era uno de los escritores y periodistas más famosos e influyentes de Europa. En junio de 1935 vivió una conversión repentina, de la noche a la mañana dejó de ser un ateo convencido para convertirse en un católico fervoroso y un apóstol excepcionalmente eficaz del cristianismo.
André Frossard fue educado desde su niñez en un ambiente propio de la ideología atea, enemiga de cualquier manifestación de la religiosidad, y sobre todo, de la Iglesia católica. Su padre, Luis-Óscar Frossard era un conocido político francés ateo. Él fue quien en 1920 fundó el Partido Comunista Francés, convirtiéndose en su secretario general. La madre de André era protestante, aunque no practicante, y su abuela, judía. El joven Frossard consideraba la Iglesia católica como el bastión del oscurantismo y del atraso. A partir de los 13 años leía obras de Voltaire y Rousseau, mientras su corazón y su mente iban empapándose del veneno de la mentira y de una actitud hostil hacia la Iglesia católica y hacia el cristianismo.
«El ateísmo reviste múltiples formas» −escribió A. Frossard−. «Hay un ateísmo filosófico que, identificando a Dios con la naturaleza, niega la existencia de Su personalidad particular y coloca todas las cosas al alcance de la inteligencia humana; nada es Dios, pero todo es divino. Este ateísmo lleva a una ideología como el panteísmo. El ateísmo científico reniega de Dios –como si fuera una hipótesis inadecuada– en las investigaciones, y procura explicar la existencia del mundo refiriéndose sólo a las propiedades de la materia, sin interrogarse sobre el origen de esta última. El ateísmo marxista, aún más radical, no sólo niega a Dios, sino que Le mandaría de vacaciones si existiera. Su pesada presencia estorbaría en el juego de la libre voluntad del ser humano. También existe el ateísmo más popular, que conozco muy bien: el ateismo idiota. Así fue el mío. El ateismo idiota no se hace preguntas. Considera natural la existencia del ser humano sobre el fogoso globo cubierto con una capa fina de barro seco, girando en torno a su eje con una velocidad supersónica alrededor del Sol – algo parecido a la bomba termonuclear, sostenida por millares de lampiones (estrellas) de un origen enigmático y un destino desconocido».

más en Amaos 8/2016

siguiente volver

Copyright © Wydawnictwo Agape Sp. z o.o. ul. Panny Marii 4, 60-962 Poznań, tel./ fax: 61/ 852 32 82 | tel. 61/ 647 26 86