Un tesoro inestimable

autor: ks. Mieczysław Piotrowski TChr

Los cónyugues poseen un don extraordinario que es Jesucristo mismo en el sacramento del matrimonio. Deben confiar todos sus problemas a Jesús, ya que solo con su poder serán capaces de superarlos

El Señor Jesús vence todas las crisis y lleva a cabo sanaciones extraordinarias en la vida de los cónyugues que le confíen sus problemas, sufrimientos,  y que sean fieles, hasta el final, al juramento matrimonial. El Señor Jesús podrá sanar las relaciones matrimoniales, superar todas  las crisis si los cónyugues se abren a su amor sanador en la oración diaria perseverante y en los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía.

La sanación de los sentimientos

Mientras estudiaba en Roma, conocí a un matrimonio católico estupendo con tres hijos. Él trabajaba en un ministerio y tenía secretarias en su oficina. Me contó la historia de la crisis de su matrimonio. Se había enamorado de una de sus secretarias, mucho más joven que su mujer y físicamente más atractiva. Sus sentimientos eran tan fuertes que le parecía que no sería capaz de vivir sin aquella mujer y que solo ella le daría la auténtica felicidad. Los sentimientos llegaban a presionarle para que dejara a su mujer, sus hijos y se fuera a vivir con ella.

“Estaba desesperado, luchaba contra mi mismo, – afirmó. – Menos mal que fui a confesarme. Cuando le desvelé mi problema al confesor, me dijo directamente: «Esta es una de las tentaciones más tramposas del espíritu malo. Tienes que desenmascarar sus acciones. Cuando vuelvas a casa, dile a tu mujer que te has enamorado. Junto con tu mujer, empezad a rezar una decena del rosario al día. Participa todos los días, antes de ir al trabajo, en la Santa Misa, confíandole a Jesús tu corazón para que lo cure, ofreciéndole tu propio ser y todos tus sufrimientos. Recuerda que junto a tu mujer poseéis un gran tesoro, que es el sacramento del matrimonio, pues tenéis a Cristo mismo que es la única fuente de vuestro amor y unidad matrimonial. El Señor Jesús resolverá tu problema con toda seguridad y sanará tus sentimirntos, pero ármate de paciencia y sométete a su tratamiento y curación». Cuando tras la confesión le dije a mi mujer que estaba enamorado de una secretaria, ella echó a llorar.

Empezamos a rezar el rosario cada día. Antes de ir a trabajar, iba todos los días a Santa Misa y una vez cada dos semanas a confesarme, pero esos sentimientos no me abandonaron tan pronto. Tenía que luchar contra mi mismo, aguantar el sufrimiento a diario con paciencia y ofrecérselo a Cristo; Jesús tenía acceso a mi corazón e iba sanándolo sin prisa del egoismo escondido, ordenando y curando lentamente mis sentimientos. Tras unos meses de luchas espirituales se obró el milagro – Jesús me sanó. Volví a enamorarme de mi mujer, con un amor que jamás había sentido por ella antes”.

La sanación del síndrome post-aborto

Las mujeres que han abortado voluntariamente y no se han reconcilado con Dios y con sus hijos asesinados,viven el síndrome post-aborto. Pueden padecer una depresión grave, a menudo no pueden dormir, sus relaciones con los demás sufren trastornos y padecen diversos problemas de salud.

La fuente principal de su trágico estado es la falta de reconciliación con Dios y con los hijos que fueron matados en sus vientres. Lo que más falta le hace a cada mujer que tenga la conciencia cargada con el pecado del aborto es experimentar la Misericordia Divina y el perdón, la sanación en la esfera espiritual y psicofísica. Para que esto pueda hacerse realidad, deben adherirse por completo a Cristo, confiar sin límites en su Misericordia y reconciliarse con su hijo asesinado.

Si has abortado voluntariamente, es necesario que te presentes en la verdad ante Dios y que expreses un arrepentimiento sincero por tus pecados. Con una confianza de niña, confíesale a Dios Misericordioso tu pecado: “he matado a mi hijo y me arrepiento mucho de ello”. Recuerda que tu hijo vive en Dios. Una vez rezada la Coronilla de la Divina Misericordia, piensa que en ese momento Señor Jesús te abraza a ti y a tu hijo (hijos) con su amor. Pídele a Jesús que te diga cuál es el sexo de tu hijo. Ponle un nombre y pídeles a Jesús y a tu hijo que te perdonen. Cuando recibas el perdón de los pecados en el sacramento de la penitencia, en ese momento perdónate obligatoriamente a ti misma. Dale gracias a Jesús y a tu hijo por el don del perdón y expresa tu amor por ellos. Incluye todo eso en una Eucaristía celebrada por la intención de tu hijo muerto, por la tuya, la de tu marido y vuestros hijos. Luego Cristo llevará a cabo vuestra sanación completa. Los padres que han dejado a sus hijos tras el parto deben actuar de una manera similar.

También esos padres que sufren por un aborto involuntario o porque sus hijos nacieron muertos, deberían ponerles nombres a sus hijos y confiarlos a Dios durante la Eucaristía.

El poder sanador de Cristo presente en la Eucaristía llega no solo a los que participan en directo en la Santa Misa, sino también a las personas que co-participaron en el asesinato del hijo y que no estén presentes. Durante las Santas Misas celebradas por esas intenciones, Jesucristo irá sanando de todas las consecuencias trágicas del pecado del aborto, y también curará casos de enfermedades psíquicas y nerviosas imposibles de tratar.

El aborto deja secuelas no solo en la mujer y en su hijo matado, sino  que también ejerce una influencia destructora en el marido, en los demás hijos, en toda la familia y en la sociedad.

Las investigaciones científicas afirman que los que sufren de una manera especial, son los hermanos del hijo asesinado. Los niños que fueron concebidos en el vientre de una mamá donde antes había tenido lugar el drama de la aniquilación de su  hermano o hermana, luego en su vida experimentan un temor fuerte. En esos niños aparece una agresividad frente a sus padres que puede desembocar en tendencias suicidas.

En 1978 dr Andrew Feldmar publicó los resultados de un análisis de gente que había experimentado tentaciones suicidas. El autor descubrió que casi todas las personas analizadas habían sido víctimas de intentos de aborto hechos por sus madres. Los pensamientos suicidas aparecían en esas personas con más fuerza en los aniversarios del aborto no realizado. Incluso los métodos de sus intentos suicidas fueron similares a los métodos a través de los cuales sus madres pensaban matarlos. Feldmar descubrió que las personas que él examinaba, de niños, tenían codificada en el subconsciente la información de que sus madres querían matarlos, aunque aquello había pasado durante las primeras semanas del embarazo.

Como consecuencia de que los corazones humanos estén cerrados a la Divina Misericordia, los poderes destructores del pecado engendran diversos sufrimientos y enfermedades.  Solo el amor de Cristo puede superar y vencer el poder del mal que quita la libertad y hace sufrir al ser humano. Por eso, tanto el hijo como los padres, deben abrir plenamente sus corazones a su Amor en la oración diaria perseverante, arrepentirse de los pecados cometidos y odiar todos los pecados. Entonces, en el sacramento de la penitencia y en la Eucaristía, el Señor Jesús podrá obrar el milagro de la sanación completa.

La sanación de heridas del período prenatal

Cada hijo concebido en el vientre de su madre es un gran don divino y debe ser recibido por sus padres con amor. Si los padres no quieren aceptar a su hijo concebido, lo rechazan y lo consideran un agresor, se hacen un daño muy grande a ellos mismos y a él. Para curar esas heridas espirituales, los padres deben, tras una confesión sincera, participar en la Santa Misa celebrada por su propia intención y por la de su hijo, durante la cual se entregarán a si mismos y a su hijo a la entera disposición de Dios.

Si una madre embarazada permanece en pecado mortal, está inmersa en diversas adicciones, toma drogas, bebe alcohol, fuma, tal actuación influye muy destructivamente en el hijo que lleva en su vientre. Ese niño es muy sensible y no solo absorbe las sustancias tóxicas, sino que también percibe lo que su madre está viviendo; sus pensamientos buenos o malos y sus sentimientos. Ya en los primeros 90 días mientras está en el viente de su madre, el hijo recibe de ella todo lo que deja una impronta en toda su vida. Recibe la aceptación y el calor del amor materno, o el rechazo, el odio y la rabia. Muchos problemas que la gente vive de mayores proviene de  malas experiencias del período prenatal. La única manera de superarlas es celebrar la Eucaristía por esa intención. Para que Jesucristo, durante la Eucaristía pueda sanar con su amor todas las heridas, sanar las relaciones interpersonales, y quitar todo lo que es fuente de complejos de inferioridad, el sentimiento de verse subestimado, la agresividad, las enfermedades somáticas, psíquicas y mentales, es necesario llegar a Cristo, confesarle todos sus pecados en el sacramento de la penitencia y entregarse a Él como propiedad exclusiva en la Eucaristía.

 

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