Es Dios quien da la vida

autor: testimonio

Estamos convencidos de que un niño discapacitado contribuye a la salvación eterna de sus padres y de sus seres queridos

 

Tenemos cinco hijos. El cuarto, una niña, nació con síndrome de Down. Cuando en el hospital, después del parto, me enteré de que mi Joanna padecía este trastorno genético, me quedé muy preocupada. Además, la vida de la pequeña estaba en peligro. Los médicos decidieron hacerle una transfusión de sangre. Sin pensármelo dos veces, deseando su salvación eterna, la bauticé con agua yo misma en el hospital. Cuál no sería mi sorpresa, y la del médico, cuando, tras recibir el sacramento, Joanna se curó y al día siguiente nos dieron el alta, y nos fuimos a casa sin tener que practicarle la transfusión de sangre…

 

En casa, mi marido se encargó de cuidar con mucho cariño a nuestra pequeña Joanna. Sabía, como psicólogo que es, que la niña necesitaba una relación íntima con nosotros. A mí me resultó un poco más difícil aceptar a mi hija desde el comienzo.

 

Hoy Joanna tiene 21 años. Habla poco, pero lo entiende todo y ejecuta instrucciones sencillas. Joanna tiene talento para las artes plásticas y asiste a talleres de terapia ocupacional. Todo el tiempo está ocupada en algo: le gusta bailar, dibuja con lápices de colores y pinta, o hace cuadros pegando bolitas de papel de colores. Es muy abierta con la gente, le gustan los niños pequeños y es muy delicada en el trato con ellos. Es la mayor alegría de la casa. A menudo asiste con nosotros a la Santa Misa. Amigos nuestros le piden con frecuencia que rece por jóvenes de sus familias, que se han alejado de Dios y de la Iglesia.

 

Nos movemos mucho en el ámbito de las personas discapacitadas y hemos aprendido a valorarlas mucho. Nos pusimos muy tristes cuando nos dijeron que en Polonia se abortan muchos niños con síndrome de Down durante el embarazo, por el mero hecho de ser discapacitados.

 

Nosotros sabemos que es Dios quien da la vida, no nosotros mismos, por eso nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro.

 

Estamos convencidos de que un niño discapacitado contribuye a la salvación eterna de sus padres y de sus seres queridos. Él mismo también se salvará, porque para eso Dios lo ha predestinado. Damos las gracias también a todos los que nos han apoyado en la educación de Joanna. Gracias a Dios, en Polonia no faltan centros con un personal plenamente cualificado y entregado en cuerpo y alma a las personas con discapacidad y a sus familias.

 

Barbara y Bernard

 

 

 

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