El Movimiento de los Corazones Puros para Matrimonios

autor: Mirosław Rucki, ks. M. Piotrowski

«Porque, si después de haber recibido el conocimiento de la verdad pecamos deliberadamente, ya no quedan sacrificios por los pecados, sino solo la perspectiva pavorosa del jucio y del furor del fuego que devorará a los enemigos» (Heb 10, 26-27).

«[...] desechad toda inmundicia» (Sant 1, 21)

Hoy podemos ver claramente cuánta destrucción está causando el pecado en el mundo que nos rodea, cuán horrorosas son las repercusiones del aborto, tanto para el hijo asesinado como para los padres que se han convertido en asesinos, así como para los médicos que les quitan la vida a los seres humanos a cambio de dinero. Cada año en los países de la Unión Europea se mata a 1,2 millones de niños concebidos. El aborto constituye la primera causa de muerte en la UE, por delante de las muertes por cáncer, a los infartos de miocardio y a los accidentes de tráfico. Si se hubiera dejado nacer a esos niños, el problema del envejecimiento de la población en Europa quedaría resuelto.
La familia, por definición, se propone dar vida y educar a su descendencia (cfr. Gaudium et spes). La fecundidad es un don y el objetivo del matrimonio (CIC, núm. 2366); aprovechando ese don, los cónyuges colaboran con Dios Creador. El recurso a la anticoncepción, e incluso la mentalidad contraceptiva como tal (pues una actitud semejante de los casados para con las relaciones sexuales excluye la fecundidad) es un pecado grave, ya que expresa rechazo al plan de Dios y la negación a colaborar con Él. Es más: usando medios anticonceptivos, los cónyuges quebrantan las promesas matrimoniales, a las que ellos mismos contestaron afirmativamente, preguntados si «estaban dispuestos a recibir de Dios [...] hijos [...]». No podemos decir: «estamos dispuestos», pensando a la vez «no estamos dispuestos». O sí, o no.

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