¿El aborto – una medicina?

autor: testimonio

Me llamo Paulina y tengo 31 años. Estoy casada desde hace 12 años; mi marido Marek tiene 36 años. Tenemos dos hijas: Karolina (12 años) y Weronika (7 años). Ahora mismo estamos a la espera de nuestro tercer hijito; esta criatura que ahora se está desarrollando bajo mi corazón probablemente será una chica, Dominika.

Me quedé embarazada hace medio año, mientras me estaban tratando con
un medicamento dermatológico. Al tomar
esta medicina una tiene absolutamente prohibido quedarse embarazada, incluso en un período de 6 meses después de que el tratamiento finalice. Es una medicina que, según los médicos y varios libros, ejerce una acción teratogénica fuerte, es decir, daña al feto. Lo sabía. Por eso, como usábamos métodos naturales de la planificación familiar, andábamos con mucho cuidado. Sin embargo, el hecho de que nos mudáramos de casa y el estrés que lo acompañó, hizo que me equivocara en mis cálculos y me quedara embarazada.

Al principio no daba crédito, pensaba que no era posible... La primera visita a la consulta del médico fue una pesadilla; el médico descartaba cualquier esperanza de que el hijo pudiera estar sano. Le rogué que me ayudara... Me pidió que esperara fuera de su consultorio. Se puso a llamar a farmacéuticos y hospitales para informarse de si había alguna salida para mí y para mi hijo. Lamentablemente, cuando volví a entrar en el consultorio, todo era aún peor; su diagnóstico era horrible: “Esta medicina influye al 100% de forma teratogénica y no queda ninguna posibilidad de que el hijo pudiera nacer sano. Era posible que el niño padeciera una parálisis cerebral fuerte, hidrocefalia, monstruosidad y síndrome de Down. Eran solo algunas  de las enfermedades que el médico enumeró, que por otra parte están incluídas en la información adjunta al medicamento. Según mi médico, en mi caso era muy probable que las enfermedades surgieran todas a la vez. Al final, después de su monólogo y mi llanto, queriendo demostrar su amabilidad, dijo que había una sola solución para mí. Me ayudaría a pasar por todo eso; en mi caso el procedimiento médico no sería difícil y en su opinión, pasada una semana, ya todo estaría arreglado. ¡El aborto – matar a mi hijo – sería su medicina para mí! Le pregunté cuánto tiempo tenía para tomar una decisión y el médico contestó que no había tiempo y que no había sobre qué reflexionar ya que más adelante la situación solo podía volverse más difícil y me puso cita para pasados tres días, independientemente de lo que decidiera.

Salí de allí llorando, iba como borracha. Llamé a mi marido. Me escuchó y me dijo que ahora mismo no me contestaría porque primero tenía que rezar. ¡Hasta el final de la vida seguiré dandole las gracias al Señor por la actitud de mi marido en ese momento tan horroroso!

Al día siguiente mi marido dijo que a pesar de todo Dios nos había otorgado esa vida y que no podíamos destruirla. Debíamos pues apoyarnos en Dios y esperar. No era nada fácil...Íbamos a otros médicos esperando otro diagnóstico, sin embargo cada vez volvíamos a  sufrir el mismo shock; todos hablaban de un modo similar, entre otras cosas escuché las siguientes palabras: “Si usted decide dar a luz, su hijo será una plantita, no un ser humano. ¿No se da cuenta de lo que esto significa? Con eso va a destruir su familia y su matrimonio”.

Satanás sabe dónde atacar; y atacaba en los puntos más vulnerables. ¿Es que  mi matrimonio y la familia por la que había luchado tanto íban a ser destruidas? ¡No lo puedo permitir! ¿Qué hacer? ¿Matar? ¿Matar a mi hijo? Miles de pensamientos pasaban por mi cabeza. Necesitaba tiempo para pensar, por eso fui al médico y le pedí que me concediera la  baja laboral. Sin embargo, el médico me la negó. En la pantalla del ultrasonógrafo podía verse el saco vitelino que según dijo el médico ya había dejado de desarrollarse – ¡otro golpe! Tampoco quería crear una carpeta de documentación médica del embarazo, constatando que de todas formas dentro de poco tendría un aborto involuntario o sería necesario provocarlo. Luego fui a unos médicos conocidos de Cracovia que dijeron que no había solución...

Quería ir de vacaciones al mar por 5 días con mi marido y mis hijos, pero el médico dijo que no debería hacerlo, ya que aún aquella semana me someterían a una intervención, cuyo fin iba a ser sacar el feto muerto de mi útero. Tardé todavía dos días y, bajo mi propia responsabilidad me fui con mi familia al mar; unas vacaciones modestas vividas juntos. Sin embargo, no fue un tiempo fácil, ya que discutíamos a menudo. Satanás quería probarnos que lo que decían los médicos podía ser cierto. Entonces empecé a pensar: “A lo mejor tienen razón estos médicos, es posible que pierda a mi marido y a mi familia”. Volvimos y yo seguía reflexionando desesperadamente sobre lo que debía hacer: “Todavía queda tiempo, apenas la octava semana está a punto de cumplirse, la ley todavía lo permite”; pensamientos así rondaban en mi cabeza...Entonces Dios vino con su fuerza y su poder.

Una noche no acababa de conciliar el sueño... Al final, cuando de madrugada me quedé dormida, tuve un sueño extraño: me atacaban unos seres demoníacos. Para sentirme más segura, me puse a rezar un Padre Nuestro y cuando llegué a las palabras “hágase tu Voluntad”, aquellos seres desaparecieron. Me desperté horrorizada y sudando.

Para mí fue una señal clara y elocuente; cuando acepté la voluntad del Señor, los malos espíritus se fueron. El niño que está dentro de mí no es mi propiedad, no fui yo quien le había dado la vida, por lo tanto no tengo ningún derecho a decidir sobre esta vida; como madre tengo obligaciones frente a ella. Desde aquel momento nunca más volví a pensar en ninguna intervención quirúrgica y solo le pedía a Dios que me diera fuerza para aceptar su Voluntad, fuera cual fuera; incluso la que, desde el punto de vista humano, pudiera ser muy dura, ya que estaba vinculada con una enfermedad de mi hijo.

Llegó el tiempo de hacerme exámenes médicos a los que fui con mi marido, pidiéndole a Dios que nos ayudara a aceptar todas las noticias, fueran las que fueran. Un milagro: “No hay ningún trastorno, el niño parece estar sano”; estas fueron las palabras del médico que me examinó. Estábamos felices. No obstante, estos fueron los primeros análisis, muy generales. Los siguientes tendrían lugar en la 20 semana del embarazo, así que todavía quedaba incertidumbre.

Lo que estaba pasando en nuestra familia mientras estábamos a la espera, también fue un milagro. Desde septiembre, cada día rezamos el rosario. Nos unimos a la comunidad de la Iglesia Doméstica donde conocimos a mucha gente extraordinaria. Para mí fue un momento muy importante, puesto que no conocía a nadie en nuestro nuevo lugar de residencia, y ahora somos amigos de otros matrimonios junto a los que nos acercamos a Dios. También empezamos a profundizar a diario en la Sagrada Escritura.

Empezó un tiempo espléndido en el que Jesús empezó a obrar. Rezábamos oraciones pidiéndole su intercesión y confíábamos toda nuestra familia a Dios. También eché de casa amuletos como los “elefantitos de la buena suerte”, cuentos y libros para niños llenos de magia. En nuestra familia el ambiente se volvió increíblemente tranquilo y lleno de confianza.

Cuando llegó la siguiente fecha de exámenes médicos, volví a Cracovia. Mientras iba al consultorio estaba horrorizada. Me examinaron y...el resultado fue insólito; ¡otro milagro! Todos los órganos del pequeño estaban sanos, sin daños ni trastornos genéticos. ¡Alabado sea Dios!

Sé que todavía tenemos un largo camino por delante, pero cada día le pido a Dios la gracia de la conversión total para nosotros. ¡Para Dios no hay nada imposible y sea alabado por ello! También les ruego recen por mí, por mi marido y nuestros hijos.

Paulina

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