Dos caminos

autor: ks. M. Piotrowski TChr z zespołem redakcyjnym

Podemos escoger entre dos caminos. Uno que lleva a la plenitud de la vida en el cielo y otro que conduce a la muerte eterna en el infierno. De cada uno de nosotros depende qué camino emprendamos (Eclo 15, 17).

No es necesario esforzarse mucho para avanzar en el camino del pecado. Mucha gente lo sigue ya que es fácil y cómodo. En cambio, el camino de la fidelidad a los mandamientos y al Evangelio que conduce a la plenitud de la felicidad en el cielo es muy estrecho y exige que luchemos sin cesar contra los poderes del mal y que nos esforcemos con el fin de vencer nuestros pecados, el egoísmo, la pereza y las diversas tentaciones. Hay que esforzarse mucho para seguir en el camino de los mandamientos y por eso hay pocos que lo siguen de un modo consecuente (Cfr. Mt 7, 13-14).

«¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas!» (Is 5, 20).

Es ser humano es libre; puede rechazar a Dios y sus mandamientos, él solo puede decidir sobre lo que es bueno o malo; puede llamar bien al mal y mal al bien. Hoy muchos rechazan el VI y el IX mandamiento, se oponen al magisterio de Cristo sobre la sexualidad humana, aceptan las relaciones sexuales prematrimoniales y extramatrimoniales, la pornografía, la masturbación, el pitting, las relaciones homosexuales, la contracepción, el aborto, el método in vitro etc.

A esa gente Dios le dirige ese horrible “ay de..”; «¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas!» (Is 5, 20),  «¡Pobres de aquellos que dictan leyes injustas y ponen por escrito los decretos de la maldad» (Is 5, 20), «¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo!» (Mt 18, 7).

Dios nos habla clara y unívocamente: «¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios» (1 Cor 6, 9-10).

Hacer poco caso y tomarse a la ligera los pecados impuros es excepcionalmente peligroso. La falta de conversión, vivir rodeado de la pornografía y de otros pecados impuros le quita al hombre su calidad humana, ya que todos esos elementos hacen más profundo el egoísmo y destruyen la capacidad de amar, entregando al ser humano a la horrible esclavitud de los poderes del mal. Y si el pecador no se convierte, tal estilo de vida lo llevará a la mayor tragedia que es la espantosa realidad del infierno.

«Se recoge lo que se siembra» (Gál 6, 7)

La condenación eterna es un estado de egoísmo absoluto, hacia el que el ser humano se dirige de un modo consecuente si rechaza a Dios, sus mandamientos y vive como si Dios no existiera. Cada pecado cometido consciente y voluntariamente hace crecer el egoísmo en el ser humano, destruyendo en su interior la capacidad de amar. Si los pecados logran destruir por completo la capacidad de amar en una persona, tal egoísta al 100% en el momento de morir rechazará el amor salvífico del Señor. Eso es el infierno. San Pablo advierte: «(...) nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra: el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá solo la corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna» (Gál 6, 7-8).

Jesús desea llevarnos a todos a la plenitud de la felicidad en el cielo. En su muerte y en su resurrección nos perdonó todos los pecados y a cada unos de nosotros nos abraza con la omnipotencia de su Misericordia. Si llamamos nuestros pecados por su nombre, si los confesamos a Jesús profundamente arrepentidos y si decidimos mejorar, entonces experimentaremos el milagro de la Divina Misericordia; el perdón de todos nuestros pecados.

Sin embargo, el ser humano puede despreciar la Divina Misericordia. Ese cerrarse por completo a la misericordia de Dios, Jesús lo llama pecado contra el Espíritu Santo. Ese pecado no puede ser perdonado, ya que el ser humano mismo, de una manera radical, rechaza la Divina Misericordia y la oportunidad de convertirse (Cfr. Mt 12, 31-33).

Por eso el infierno eterno es el fruto y consecuencia de toda la vida terrenal de uno que voluntariamente se entrega a la esclavitud de los poderes impuros. Por eso Dios que nos ama advierte: «No busquen la muerte viviendo extraviadamente, ni se atraigan la ruina con las obras de sus manos» (Sab 1, 12).

Durante las apariciones en Fátima, la Virgen recordó que la mayor tragedia y desgracia del ser humano es el pecado y perdurar en él, lo cual lleva a un rechazo total de Dios, es decir, al infierno. Si alguien consciente y voluntariamente se hunde en la esclavitud de los distintos pecados de impureza, como la pornografía, las relaciones sexuales prematrimoniales o extramatrimoniales, los actos homosexuales, la masturbación etc., desdeña la Misericordia Divina y no quiere convertirse, entonces está en el camino que lo lleva a la condenación eterna. En el momento de su muerte de un modo irreversible se decidirá su vida eterna; la salvación o la condenación. «La Divina Misericordia,– escribe santa Faustina Kowalska, – alcanza al pecador a veces en el último momento, de modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo estuviera perdido, pero no es así; el alma iluminada por un rayo de la fuerte, y última, gracia divina, se dirige a Dios en el último momento con tanta fuerza de amor que en ese último momento obtiene de Dios [el perdón] de las culpas y de las penas [...].  Oh qué insondable es la Divina Misericordia. Pero, ¡qué horror! También hay almas que rechazan voluntaria y conscientemente esta gracia y la desprecian. Aun ya en la agonía misma Dios misericordioso da al alma un momento de lucidez interior y si el alma quiere, tiene la posibilidad de volver a Dios. Pero a veces, en las almas hay una dureza  tan grande que conscientemente eligen el infierno; frustran todas las oraciones que otras almas elevan a Dios por ellas e incluso los mismos esfuerzos de Dios» (Diario de Santa Faustina Kowalska, núm. 1698).

El Movimiento de los Corazones Puros

No se puede ser cristiano y a la vez tener una mentalidad pagana, es decir aceptar el aborto, la eutanasia, el método in vitro, la contracepción, el divorcio, las relaciones homosexuales, las relaciones sexuales pre y extra matrimoniales, la pornografía, la masturbación y otros fenómenos pertenecientes a esa esfera, contrarios a la verdad sobre la sexualidad humana revelada por Cristo. Fue Cristo quien nos reveló que cada ser humano tiene una dignidad y valor infinitos. Es alguien creado a la imagen de Dios y jamás se debe reducir su cuerpo al papel de un objeto que se use y que se mire con deseo impuro. El ser humano es llamado al amor, es decir, a un don desinteresado de sí mismo. Ese don tiene que expresarse en todas las dimensiones de la vida humana. Ante todo, tiene que ser un don total de uno mismo a Dios, como respuesta a su entrega total al ser humano. Luego ese don tiene que expresarse en un auténtico amor al prójimo; incluido el amor al enemigo. Las relaciones sexuales también quedan inscritas en esa lógica del don desinteresado de uno mismo. La idea de Dios es que las relaciones sexuales tienen que ser vividas como signo del sacramento del matrimonio. En ese sacramento Cristo les da al hombre y a la mujer el derecho a tener tales relaciones. En el momento de recibir el sacramento del matrimonio Cristo consagra a la mujer y al hombre, los une en la comunión indisoluble del esposo y de la esposa y hace que cuando estén en estado de gracia sanctificante, sus relaciones sexuales se conviertan en fuente de la sanctificación mutua y pasen a ser una experiencia del amor mutuo en el amor de Dios.

Para vivir su amor de esa manera, los esposos deben tener el corazón puro y saber dominar sus deseos y sentimientos. Solo un ser humano libre que tenga corazón puro puede amar y convertirse en don desinteresado de sí mismo. Madurar hacia tal actitud debe ser la meta más importante en la vida de cada persona. Solo un corazón libre y puro sabe amar. El corazón puro es un don que recibimos de Cristo; pero hay que anhelarlo con sinceridad, someterse a su “tratamiento” en la “clínica de los corazones puros” y seguir formando con perseverancia el propio carácter.

El Señor Jesús llama a todos al Movimiento de los Corazones Puros, a emprender la aventura más fascinante de la vida que es madurar hacia el amor. ¿Quién puede unirse al Movimiento de los Corazones Puros? Cualquiera que desee ofrecer su corazón a Jesús para que lo cure; quien quiera formar su carácter y aprender de Él cómo amar con un amor puro.

¿Cuáles son los requisitos? Estar sinceramente dispuesto a cumplir todos los compromisos incluidos en la Oración de entrega del MCP.

¿Cuándo y cómo uno puede apuntarse al Movimiento de los Corazones Puros? ¡Pues en cualquier momento! Primero acude al sacramento de la penitencia y cuando recibas a Jesús en la Santa Comunión, confíate a Él enteramente, rezando la siguiente Oración de entrega:

Jesucristo, te doy gracias por haberme amado con un amor ilimitado que protege del mal, levanta de las caídas más grandes y cura las más dolorosas de las heridas. Te entrego mi memoria, mi entendimiento, mi voluntad, mi alma y mi cuerpo junto con su sexualidad. Prometo no iniciarme en las relaciones sexuales hasta que reciba el sacramento del matrimonio. Me decido a no comprar, leer, ni ver revistas, programas, ni películas de contenido pornográfico. (Las chicas añaden; “Decido vestirme con modestia y de ningún modo provocar en otras personas pensamientos o deseos impuros”).

Prometo encontrarme contigo a diario en la oración y en la lectura de la Sagrada Escritura, en la Santa Comunión recibida frecuentemente y en la adoración al Santísimo Sacramento. Decido acudir con regularidad al sacramento de la penitencia, no desanimarme y levantarme in-mediatamente de cada pecado.

Señor Jesús, enséñame cómo trabajar sobre mí mismo de forma sistemática, sobre todo enséñame a controlar mis impulsos sexuales y emociones. Te pido valor en la lucha cotidiana contra el mal, para que nunca tome narcóticos y evite todo lo que crea adicción, sobre todo el alcohol y el tabaco. Enséñame a actuar de forma que el amor sea lo más importante en mi vida. María, Madre mía, guíame en los caminos de la fe al manantial mismo del amor, a Jesús.

Siguiendo al Siervo de Dios Juan Pablo II deseo confiarme enteramente a Ti;“¡Totus Tuus, María!” .
  Me entrego entero/entera a tu Inmaculado Corazón, todo lo que soy, cada paso mío, cada momento de mi vida. Beata Carolina, ¡pide para mí el don de un corazón puro! Amén.

Cada día por la mañana confíate a Jesús y reza esta oración. Confíate entera/entero; “tu memoria, entendimiento, voluntad, alma y cuerpo junto con la sexualidad”. Jesús tiene que ser para ti el único Señor y Salvador, el amor más grande de tu vida. Entregándote a  Él como su propiedad exclusiva, aceptas y permites que llene tu corazón con su amor curativo y con todas las gracias que necesitas para llevar una vida digna del ser humano. Esa entrega total a Jesús significa a la vez obligarse a vivir según los mandamientos y el Evangelio, ya que «Amor a Dios es guardar sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga» (1 Jn 5, 3). Por eso miediante la Oración de entrega prometes algo muy concreto para disciplinar tu propia vida e introducir tal armonía en el programa de tus actividades de cada día que Jesús tenga acceso a tu corazón y pueda formar tu carácter, siendo tú activo colaborador. De gran importancia es prometer no empezar relaciones sexuales hasta el sacramento del matrimonio, al igual que cortar de raíz con la pornografía. Esta es una manera muy concreta de abrir tu corazón a las exigencias que pone Jesús; simplemente uno tiene que empezar a odiar cualquier impureza; (tan atrayente y atractiva a nivel de los sentimientos y los sentidos), mediante un acto de su voluntad.

De gran trascendencia es la promesa de rezar. La oración nos es tan imprescendible como la alimentación y el oxígeno para que podamos vivir bien y llevar una vida digna del ser humano. Sin la oración, morimos en el espíritu ya que perdemos el amor de Dios y la vida eterna. No se debe hacer depender la oración de nuestros sentimientos o estados de ánimo. Hay que rezar a diario a unas horas fijas durante el día, y cuando nos sentimos desganados hay que dedicar aún más tiempo para estar a solas con Jesús y María.

En la “clínica de los corazones puros”, son los encuentros con Cristo en el sacramento de la penitencia y en la Eucaristía los que desempeñan el papel clave en el madurar hacia el amor. Por eso nos obligamos a acudir con regularidad al sacramento de la penitencia y a participar lo más frecuentemente posible en la Santa Misa; también a levantarnos inmediatamente de cada pecado grave en el sacramento de la penitencia.

No es suficiente tener buenas intenciones y deseos para seguir en el camino de madurar hacia el amor. Es imprescindible definir un horario en que haya unos momentos fijos dedicados a la oración, al trabajo y al descanso. El mayor obstáculo y la dificultad más grande a la hora de formar nuestros  carácteres, es vencer las malas costumbres; es lo que más dolerá. Así, decide por ejemplo acostarte temprano, como más tarde a las diez de la noche y levántate también temprano, por ejempo a las cinco de la mañana. Aprende a renunciar por ejemplo a la televisión o a Internet con el fin de tener tiempo para la oración y para hacer un esfuerzo de deportista. Tal horario hecho por ti, consultado en la oración con Jesús, introducirá armonía en tu vida. Cada día por la noche haz un examen de conciencia, decide mejorar y no te desganes jamás: «¡Ay del corazón que desfallece, porque no tiene confianza! A causa de eso no será protegido» (Eclo 2, 13).

Recuerda: todo lo que tiene gran valor, se logra trabajando duro, esforzándose y renunciando a sí mismo. Tampoco olvides que la lectura del bimensual ¡Amaos! es un elemento muy importante en la formación continua dentro del Movimiento de los Corazones Puros.

Informa a nuestro Equipo de Redacción sobre el gran acontecimiento que ha sido tu accesión al MCP. Mándanos tus datos (nombre y apellido, dirección, fecha de nacimiento, y  fecha de adhesión al MCP) para que podamos inscribirte en el Libro de los Corazones Puros y mandarte material formativo junto con una bendición especial.

El Señor Jesús desea que escribáis y mandéis a la Redacción vuestros testimonios y que compartáis con otros vuestra experiencia de fe, de madurar hacia el amor y de vuestra lucha contra el pecado y las fuerzas del mal.

Acordémonos unos de otros en la oración diaria y especialmente mientras recemos el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia.

Padre Mieczysław Piotrowski, S. Chr., con el equipo de redacción

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