¿Cómo recuperar lo que hemos perdido?

autor: testimonio

El Movimiento de los Corazones Puros me ha dado la esperanza de que, recuperando el trato con Dios, sumergiéndome continuamente en Él, fuente del amor, yo voy a saber amar

Con una enorme alegría, os escribo para comunicar que me he adherido al Movimiento de los Corazones Puros. Dios sabe mejor que nadie cuánto tiempo me he pasado dándole vueltas a esta decisión. Sé que esto no va a ser fácil ni para mí, ni para mi novio, quien, aunque respeta mi decisión, él mismo no entiende del todo, sin embargo, la idea del MCP, ni me ha querido acompañar para dar este paso juntos. Creo que Dios, a pesar de todo, nos ayudará a encontrar un camino común hacia el amor verdadero y puro. Mi pertenencia al MCP ya está siendo ahora para mí de gran ayuda y fuerza en este camino. ¿Por qué me he decidido a dar este paso tan difícil…?

 

Los últimos años han sido para mí y para mi novio una época de búsqueda en el ámbito de la castidad, de compromisos y de meter la pata a menudo, alejándonos de Dios. Esa búsqueda y el dedicarnos a tergiversar los mandamientos divinos, claros y transparentes, para amoldarlos a nuestro gusto, nos llevaron al callejón sin salida del egoísmo, las reclamaciones mutuas y la falta de confianza. Como consecuencia de ello, experimentaba con facilidad cambios en mi estado de ánimo, mi voluntad se había vuelto completamente endeble y no lograba controlar mis emociones.

 

Todo esto hería a mi novio, que tenía que aguantar mis extremos altibajos afectivos, de amor a odio. ¿Y cómo puedes plantearte así el matrimonio y jurar amor hasta la muerte, cuando un día piensas que lo amas y al siguiente ya estás sintiendo todo lo contrario…? Todo esto nos había ocultado parcialmente el sentido del verdadero amor, el cual,  por el contrario, tenía que hacer de nosotros un don mutuo y desinteresado.

 

En un momento dado, caí en la cuenta de que mi corazón estaba embebido de algo totalmente opuesto al amor descrito en la Primera Carta a los Corintios. También me acordé de las palabras de la Sagrada Escritura: de que si algo es bueno o malo, se reconoce por sus frutos; y el fruto del Espíritu Santo es: «amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia» (Gál 5, 22-23). En mí, desgraciadamente, todos estos frutos hacía tiempo que se habían podrido, ya que habíamos intentado edificar nuestro amor a nuestro manera, pero no tal y como Dios quiere.

 

Siempre había pensado que haberme encontrado a esta persona en mi camino era el don más maravilloso por parte de Dios, por eso ¡quiero luchar por nuestro amor! Sin embargo, no sabía cómo podíamos recuperar lo que habíamos perdido por el camino. El Movimiento de los Corazones Puros me ha dado la esperanza de que, recuperando el trato con Dios, sumergiéndome continuamente en Él, fuente del amor, yo voy a saber amar con un amor cada vez más desinteresado, que crece pero que no se consume. Los dos deseamos este amor con el Amado y éste es el «cemento» que nos une.

 

Creo que Dios, para quien no hay cosas imposibles, nos ayudará en nuestra lucha diaria en común. Rezo por ello todos los días y a vosotros os pido que nos encomendéis, así como vuestra bendición. Me despido con una oración pidiendo fuerzas para aquellos que se han decidido a ir «a contracorriente», y luz para los que han perdido el camino del amor, el cual nos da la verdadera felicidad…

 

  Agnieszka

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